domingo, 3 de mayo de 2020

Ciudadano Bergoglio: un Maquiavelo austero / Ángeles Caballero *

Esta semana hemos aprendido un juego de palabras del cada vez más pobre y escaso de ingenio lenguaje político. Salió de la boca de Santiago Abascal, presidente de Vox, al referirse —chaqueta prieta, picuda barba, pecho en alto— al "ciudadano Bergoglio" como un tipo bastante peligroso al que hay que temer, dado su empeño en convencernos de que el paraíso terrenal guarda enormes similitudes con el comunismo.

Qué cosa esta, la de considerar un desprecio que te llamen ciudadano, ya seas Borbón o Bergoglio. Como si Felipe VI no lo fuera, como si el Papa de Roma tampoco.

La del papa Francisco es la historia de una paradoja. La del hombre que genera mohines en muchos de los suyos, dentro y fuera de la Iglesia que preside. Está bajo sospecha y provoca resquemor en líderes políticos que hasta hace un cuarto de hora eran siempre del equipo del catolicismo 'mainstream'. De los de la santísima trinidad formada por la misa, la mantilla y la familia. Pero solo una familia.

Entonces llegó Francisco a darle media vuelta al calcetín con una orden clara. La de más hacer y menos decir. Menos liturgia y más acciones. Y la solución, cuando pase el virus, no puede ser un sálvese quien pueda. "Dios perdona siempre, el hombre a veces, la naturaleza nunca", afirma. Y por si fuera poco, antes de todo esto dejó por escrito en una encíclica, 'Laudato si', en la que habla de medio ambiente, de proteger la casa común, de que si no lo hacemos lo pagarán los de siempre. Los pobres. Víctimas de nuestro consumo y nuestro tipo de vida.

Por eso de repente pasan cosas raras. Y alguna derecha lo llama ciudadano. Y preguntado Pablo Iglesias por este periódico responde: "No soy creyente, pero me gusta el Papa Francisco. En algunos temas sociales tiene opiniones muy sensatas, como su apuesta por el ingreso mínimo vital, y está diciendo cosas que van en dirección contraria a lo que partidos supuestamente católicos como PP o Vox representan ahora mismo".

De Jorge Mario Bergoglio se saben muchas cosas. Que es argentino, seguidor del equipo de fútbol de San Lorenzo, el mayor de cinco hermanos, hijo de migrantes, también que no siempre el viento le sopló de cara. Algunos apuntan sombras en su CV y lo muestran cercano, cómplice o directamente mudo ante épocas oscuras. 

La dictadura de Videla, los Kirschner… Porque dicen esos mismos que lo suyo es populismo, es teatro, puro peronismo.

Puestos en contacto con alguno de sus amigos, todos coinciden en señalar dos patrones comunes: su coherencia y su liderazgo. Una coherencia, dicen, que es la china en el zapato de muchos poderosos. "El evangelio vivido tiene esas consecuencias, y hay cuestiones que tienen que ver con el bien común, los débiles, los pequeños, en las que es muy claro", explica un sacerdote español que prefiere ocultar su nombre.

"La izquierda cree que la inventado la pólvora, pero el cristianismo llegó antes de la fraternidad y la solidaridad. Conecta con ellos, pero hasta cierto punto, porque el Papa también defiende la vida, a los no nacidos, y ahí no caben cesiones ni con el aborto ni con la eutanasia. Y alguna derecha se siente dolida porque no comprenden del todo que la verdadera fe y el cristianismo no está en el culto o una religiosidad privada, sino que pasa por amar a los hermanos. Eso hace que los emigrantes sean hermanos, y los que no piensan como yo también. Vamos, que complica la vida a los que tienen discursos en blanco y negro", añade.

"Resentimiento en el 'establishment' jesuita"

El periodista Austen Ivereigh atiende a El Confidencial desde su granja cercana a Gales. Ha escrito dos libros sobre Francisco y lo entrevistó con motivo de la pandemia mundial del covid-19. Mientras da de comer a sus gallinas, explica que su figura ha cautivado desde siempre, "y le ha traído problemas. Cuando estaba en Argentina consiguió tal auge en las vocaciones que eso provocó un resentimiento en el 'establishment' jesuita. 

Cautiva, sí, pero también divide". Recuerda que también durante su trayectoria pastoral en su país natal tenía relación con muchos políticos. "Es un 'homo politicus' por naturaleza. Los entiende muy bien y cree mucho en la capacidad de la política para transformar las cosas", añade. Entre sus 'amistades' más cercanas están Dilma Rousseff y Emmanuel Macron. "Alguien dijo una vez que es una mezcla de Maquiavelo y un santo del desierto", dice entre risas.

"Lo conocí compartiendo lucha contra el trabajo esclavo. No es casual que le interesen los más pequeños, los refugiados, las víctimas de la trata… su obsesión es el descarte", explica el político argentino Gustavo Vera, amigo personal del Pontífice desde hace más de una década. El descarte, los descartados de la sociedad, los invisibles.

Por eso, dice Vera, tiene algo de exótico para los medios. "Su magisterio es práctico y quiere parecerse a Jesús cuando era carpintero. Su austeridad no es fingida", asegura. Por eso es el primer Papa que utiliza los mismos zapatos que antes de ser el pastor de Roma. Por eso, hasta que llegó la pandemia, pasaba dos horas cada miércoles saludando a fieles y haciéndose selfis con ellos. 

Por eso encargó que construyeran vestidores y aseos públicos en los alrededores de la Basílica de San Pedro tras ver a los pobres de la zona. "Cuando visitó Corea del Sur pidió que lo llevaran en un Kia, que para ellos es el coche del oficial tornero. ¡Ese gesto les rompió la cabeza a los coreanos!", explica Vera.

José María del Corral es el que aparece al lado de Francisco en la foto del nombramiento a petición del pontífice. Lleva 25 años a su lado y en la imagen que publicaron los medios lleva una bata blanca. "En todos los periódicos se preguntaban qué hacía el Papa con un médico a su lado… yo llevaba una bata blanca porque en la Argentina es el uniforme de todos los profesores de escuela", dice entre carcajadas. 

Del Corral es amigo de Francisco pero prefiere decir que es su empleado. Hoy es el presidente de la Fundación Pontificia Scholas Ocurrentes, una iniciativa educativa que nació en Buenos Aires y que 'tramaron' a medias.

Él es así, desde la punta del zapato hasta el último pelo, asegura. De siempre. "Cuando se encuentra con alguien no lo mira, lo escanea. Es astuto, intuitivo, y no le gusta la manipulación política. Pero ¿sabés que es alérgico? Tiene alergia a la injusticia", dice. Si Jorge fuera populista, aclara, se pasaría el día ordenando las fotos que tiene con gente importante. "No te preguntará cuántas misas llevas ni lo que hacés por vos, sino por los demás", dice.

¿Y cómo es eso de que genere fervor en muchos no creyentes y lo contrario, en política y fuera de ella? "¿Sabés lo que creo? Que le critican porque se junta con cualquiera". Y vuelve a partirse de risa.


(*) Periodista española


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