miércoles, 29 de abril de 2020

El Papa Francisco invita a vivir con sinceridad y evitar la tibieza: ni negro, ni blanco

CIUDAD DEL VATICANO.- El Papa Francisco animó a vivir con sencillez y, como los niños, los jóvenes, a hablar con sinceridad y transparencia, “incluso si están equivocados”, porque la transparencia permite recibir de Dios “la gracia de la libertad”. 

“Pidamos al Señor la gracia de la sencillez y que nos dé esta gracia que da a la gente sencilla, a los niños, a los jóvenes que dicen lo que sienten, que no ocultan lo que sienten. Incluso si es algo equivocado, pero lo dicen. También con Él, decir las cosas: transparencia. Y no vivir una vida que no es ni una cosa ni la otra. La gracia de la libertad para decir estas cosas y también la gracia de conocer bien quiénes somos ante Dios”, invitó el Pontífice.
En esta línea, el Papa señaló la importancia de “tener sabiduría en lo concreto” y advirtió también sobre el peligro de vivir “en la tibieza, en el gris, ni buenos, ni malos, ni negro, ni blanco, grises” porque al Señor “no les gustan” las personas que viven su vida con tibieza
“Concreto para no ser mentirosos, si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo, tanto que nos perdona, nos perdona cuando nosotros somos concretos”, subrayó.
Al comentar un pasaje de la Liturgia del día, de la Primera Carta del Apóstol San Juan (1:5-2:2), en el cual el evangelista describe y anuncia que “Dios es Luz y en Él no hay tiniebla alguna”, el Papa destacó que esta narración “hay muchos contrastes: entre luz y tinieblas, entre mentira y verdad, entre pecado e inocencia. Pero el apóstol siempre llama a la concreción, a la verdad, y nos dice que no podemos estar en comunión con Jesús y caminar en las tinieblas, porque Él es la luz”.
Por ello, el Santo Padre explicó que “o una cosa u otra: el gris es aún peor, porque el gris te hace creer que estás caminando en la luz, porque no estás en la oscuridad y esto te tranquiliza. El gris es muy traicionero. O una cosa u otra”, reiteró el Papa al explicar que “si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros".
“Aquí hay una cosa que puede engañarnos: decir ‘todos somos pecadores’, como quien dice ‘buenos días’, ‘feliz día’, una cosa habitual, incluso una cosa social, y así no tenemos una verdadera conciencia del pecado. No, soy un pecador por esto, esto, esto. La concreción. La concreción de la verdad: la verdad siempre es concreta.
En esta línea, el Papa Francisco reiteró que “la verdad es concreta y no puedes ir a confesar tus pecados de forma abstracta: ‘Sí, yo... sí, perdí la paciencia una vez, volví a perder la paciencia...’, y cosas abstractas. ‘Soy un pecador’. La concreción: ‘Yo hice esto. Esto es lo que pensé. He dicho esto’. La concreción es lo que me hace sentir como un pecador en serio y no un pecador en el aire”.
De este modo, el Santo Padre animó a decirle al Señor con libertad “la cosas como son” y pedir su ayuda, imitando el ejemplo del apóstol Pedro después de la primera pesca milagrosa: "Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador” por lo que alentó a “tener esta sabiduría de lo concreto”.
“El diablo quiere que vivamos en la tibieza, tibios, en el gris: ni bueno ni malo, ni blanco ni negro: gris. Una vida que no complace al Señor. Al Señor no le gustan los tibios. Concreción. No para ser mentirosos. Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos: nos perdona cuando somos concretos. La vida espiritual es tan simple, tan sencilla; pero nosotros la complicamos con estos matices”, explicó el Santo Padre.

Lectura comentada por el Papa Francisco
 
I Juan 1:5--2:2
5 Y este es el mensaje que hemos oído de Él y que les anunciamos: Dios es Luz, en Él no hay tiniebla alguna. 6 Si decimos que estamos en comunión con Él, y caminamos en tinieblas, mentimos y no obramos la verdad. 7 Pero si caminamos en la luz, como Él mismo está en la luz, estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos purifica de todo pecado.
8 Si decimos: «No tenemos pecado», nos engañamos y la verdad no está en nosotros. 9 Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es Él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia. 10 Si decimos: «No hemos pecado», le hacemos mentiroso y su Palabra no está en nosotros.
1 Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. 2 El es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.

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