martes, 21 de abril de 2020

Subvenciones a la Iglesia que les hace vagos / Juan Carlos Monedero *

El portavoz de la Conferencia Episcopal, Monseñor Luis Argüello, ha dicho que "La renta básica es urgente y necesaria porque hay muchas personas en situación de vulnerabilidad". Y eso le honra, porque hace suyo el dolor de tanta gente. Que por vez primera en tanto tiempo, no se dejan atrás. Y ha continuado porque ha querido y, me temo, derrapando: "pero no debería ser un subsidio permanente porque se podría convertir en una coartada para retirar a las personas del empleo".

De que los subsidios a la iglesia sean permanentes y se convierta en una coartada para retirar a los curas del empleo no ha dicho nada. Los que hemos estudiado en colegios de curas, siempre se nos queda la sensación de que nos querían decir algo que no terminan de decirnos.

En Los dos papas, la excelente película de Fernando Meirelles, se narra un supuesto encuentro entre el Papa Saliente, el conservador Benedicto XVI, y el entrante, el Papa Francisco.

La película no es muy fiel a la realidad. Benedicto XVI venía de ser la mano derecha de Juan Pablo II, un Papa para el que su anticomunismo pesaba más que el cuidado de sus sacerdotes perseguidos, que ocultó la pederastia en la iglesia y que apuntaló a los sectores más conservadores sacando del magisterio a verdaderos santos como Leonardo Boff o Ernesto Cardenal al tiempo que olvidaba a mártires como el padre Ellacuría. Desde el lado opuesto, Bergoglio, que ya desde la elección del nombre, Papa Francisco, volvía a recuperar la apuesta por la iglesia de los pobres que intentó Juan XXIII en el Concilio Vaticano II.

Lo importante de la película, que inventa mucho -y muy bien-, no es tanto si lo que narra se acerca a la verdad como la existencia en nuestro siglo de dos grandes almas dentro de la iglesia católica. Una renovadora y otra conservadora. Una que apuesta por la esperanza y otra que hiela el corazón.

La película es más amable con Ratziger que con Bergoglio. Porque el Papa Benedicto XVI tiene más impiedad que ocultar bajo el solideo. Una impiedad, eso sí, amarrada por los 33 botones de la blanca sotana que recuerdan los 33 años de nuestro Señor Jesucristo.

Sí se nos narra que Bergoglio, muy probablemente,  no hizo todo lo que debiera un buen cristiano, y menos un sacerdote, bajo la dictadura militar de Videla. Pero no se nos recuerda en la película que Benedicto/Ratzinger estuvo en las Juventudes Hitlerianas y tampoco que encubrió voluntariamente a un morfinómano, pederasta, pervertido sexual y psicópata como fue el fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel. 

La congregación de Maciel, con muchos colegios y universidades también en España, invirtió más de 300 millones de euros de lo que recibe por donativos en empresas de armas, alcohol y juego. Que muy cristianas no parecen. Dicen que los Legionarios son una de las tramas fuertes del Vaticano y que siempre amenazan a los que quieren cambiar algo. En España, se disputan influencias en la política y la economía entre la derecha con el Opus Dei.

En la película parece que Ratzinger dimitió porque fracasó en esa pelea contra las tramas de poder de los obispos, cuando seguramente dimitió porque la podredumbre del Vaticano era parte de su propia cosecha.

El Papa Francisco, que sabe que muchos millones de seres humanos no pueden comer nada, ni ellos ni sus familias, si se quedan en sus casas. Viven al día con lo que ganan en las calles. Quedarse confinados no es una solucion. Por eso, el Papa Francisco ha apostado sin dudas sobre esa renta vital mínima.  Porque mira más allá del bienestar de la Santa Madre Iglesia y los barrios prósperos de nuestras ciudades. Además, no sabemos qué va a pasar con la robotización de la economía, tampoco con el cambio climático. Sabemos que no queremos que las mujeres sigan haciendo gratis el trabajo de cuidados y no sabemos qué va a ser económicamente de millones de personas el día después del confinamiento.

La parte más cruel de la derecha está en contra de una renta mínima. Incluso han hecho una campaña para reírse de ella y la han llamado paguita, que es lo que los padres dan a los hijos para refrescos o chucherías. Aquí es para vivir. Pero se ríen. Porque la derecha es clasista y la compasión apenas es un discurso retórico para que los humildes no les pidan cuentas por sus actos depredadores.

Dice Luis Argüello que "Hay que evitar que la renta mínima le haga el juego al capitalismo internacional que descarta a las personas". No, padre. La renta mínima le da dignidad y fuerza a las personas para que el capitalismo internacional no descarte a las personas ofreciéndoles salarios de hambre o nada. Aunque para entenderlo igual hay que dejar de escuchar la COPE. Una renta mínima, en España, donde la tasa de desempleo puede multiplicarse por tres o por cuatro y donde rozamos los diez millones de personas en riesgo de pobreza, es una cuestión de dignidad, de compasión, de empatía y de justicia. Escoja.

Por cierto, si quiere ayudar en la lucha contra el covid-19, no se lo quite a las parroquias. Quíteselo a Carlos Herrera, a la COPE o a 13 TV que reciben más dinero del que le dan a Caritas. Siguen ustedes equivocándose. Pero le dicen al gobierno que no ven lo de la renta mínima. Poniéndose del lado de Díaz Ayuso. Es innecesario y poco caritativo.

Decía el obispo Helder Cámara: si cuido a los pobres me llaman santo, pero si pregunto por qué son pobres, me llaman comunista. Igual es tiempo de escuchar menos al Opus y a los legionarios de Cristo, que tanta ayuda recibieron del PP, y escuchar un poco más a los teólogos de la liberación. Quede Usted con Dios.


(*) Profesor universitario de Ciencia Política en España


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