domingo, 12 de abril de 2020

El Papa lamenta que sea "una Pascua de soledad", vivida "en medio de lutos y dificultades"


CIUDAD DEL VATICANO.- "Éste no es momento para el egoísmo, porque el desafío que enfrentamos nos une a todos y no hace ninguna diferencia entre personas". El Papa celebró hoy una misa de Domingo de Resurrección sin fieles por la pandemia. Por primera vez, la bendición 'Urbi et Orbi' no fue impartida desde la Logia central, sino junto al altar de la Basílica de San Pedro del Vaticano, completamente vacía.

Antes que en las guerras, el hambre, la migración o la pobreza, la atención de Francisco se centró este año en el dolor del mundo ante el coronavirus. En particular, en el Viejo Continente: "Entre las muchas áreas del mundo afectadas por el coronavirus, dirijo un pensamiento especial a Europa. Después de la Segunda Guerra Mundial, este querido continente pudo surgir gracias a un espíritu concreto de solidaridad que le permitió superar las rivalidades del pasado. Es más urgente que nunca que estas rivalidades no recuperen vigor ahora, sino que todos se reconozcan como parte de una sola familia y se apoyen mutuamente".
El Pontífice lanzó una clara advertencia a los países de la UE para no caer en el egoísmo. "Hoy la Unión Europea se enfrenta a un desafío del que dependerá no sólo su futuro, sino el del mundo entero. Que no se pierda la oportunidad de dar más muestras de solidaridad, incluso recurriendo a soluciones innovadoras. La alternativa es sólo el egoísmo de intereses particulares y la tentación de volver al pasado, con el riesgo de poner a prueba la convivencia pacífica y el desarrollo de las próximas generaciones", advirtió.
El Papa dirigió su primera reflexión a "todos aquellos contagiados por la enfermedad: a los enfermos, a los que han muerto y a los miembros de las familias que lloran por la desaparición de sus seres queridos". También dedicó palabras de esperanza a "las personas mayores que están solas" y a quienes trabajan "en hogares de ancianos, o que residen en cuarteles y cárceles".
En su alocución pidió "fortaleza y esperanza" a los médicos y a los enfermeros, que en todas partes ofrecen un "testimonio de cuidado y amor al prójimo hasta la extenuación de sus fuerzas y, no pocas veces, hasta el sacrificio de su propia salud". Y agradeció la labor de los servicios esenciales, policía y militares.
La bendición 'Urbi et Orbi' permitió a más de 1.300 millones de católicos obtener la indulgencia plenaria -el perdón de sus pecados-, en pleno confinamiento a nivel mundial. Para muchos, recordó el Pontífice, "es una Pascua de soledad vivida entre el duelo y las muchas dificultades que está causando la pandemia, desde el sufrimiento físico hasta los problemas económicos".
El Papa animó a los políticos a trabajar activamente por el bien común de los ciudadanos, "proporcionando los medios y las herramientas necesarias para que todos puedan llevar una vida digna y alentar, cuando las circunstancias lo permitan, la reanudación de las actividades diarias".
Francisco advirtió de que no es tiempo para la indiferencia, "porque todo el mundo está sufriendo y tiene que estar unido". Y tampoco lo es, continuó, para las "divisiones". En este punto, el Pontífice hizo un llamamiento a "un alto el fuego global e inmediato en todos los rincones del mundo", refiriéndose a Siria, Yemen, Irak, el Líbano y las regiones orientales de Ucrania. De igual modo, abogó por el fin de los "ataques terroristas" en África y por que no se olviden otras "crisis humanitarias" que sufre el continente.
El Papa recordó a los refugiados y desplazados debido a guerras, sequías y hambrunas, "especialmente en Libia y en la frontera entre Grecia y Turquía". Y concluyó con la petición de facilitar ayuda internacional para paliar la crisis política, socioeconómica y sanitaria en Venezuela.

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